Face To Face cerró a la una y el martes ya existía
A la una y tres minutos del mediodía, con tráfico pesado a lo largo de Bayfront y Brickell City Centre congestionado, Daft Punk sonó como si alguien hubiera planeado seis horas exactas para llegar a ese punto. Face To Face no fue un cierre nostálgico — fue una consecuencia. Algo tuvo que pasar antes.
Tuvo que pasar Groove Delight con Ex Machina a las doce y treinta y seis, ese bajo denso que Ké Fernandes viene construyendo desde São Paulo desde 2009, capas de rock y new wave colapsando dentro de una estructura techno. Tuvo que pasar Chaim y Mads Paige con Phoenix Rising, y antes de eso Tensnake liberando Free justo cuando el mediodía dejaba de ser mañana. Colonel Red y Danny Kane cerraron un bloque con Don't You Worry mientras el tráfico moderado cruzaba Midtown — tres tracks que entendieron exactamente qué necesitaba ese reloj.
Pero para llegar ahí, la sesión necesitó las diez de la mañana: Hector Couto desde Canarias con Hot Stuff, Deetron y Riva Starr empujando Save Me No More, Sebastien Leger envolviendo Ramses en algo que no terminaba sino que se transformaba. A las nueve y cincuenta y seis, 3gger cerró un bloque mientras I-95 se saturaba — la ciudad moviéndose duro afuera, el groove sosteniéndose adentro.
Y antes de todo eso: Shadi Kario con Pulse a las ocho y cincuenta y ocho, cerrando Data Drop con Hangdrum y Bağlama tejidos desde raíces libanesas. Cimboldo con Aberdeen Starfish quedándose en el aire a las siete y treinta y ocho. David Hohme abriendo With Me bajo un cielo nublado y setenta y ocho grados en Wynwood, cuando la ciudad todavía no había decidido despertar del todo.
Seis horas. Sesenta tracks. Un martes de mayo que empezó gris y terminó en Face To Face porque no había otra forma posible de terminar.